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Covid-19

Feb

2021

Hernán Núñez: “Lo más lindo para mí fue verla de blanco”

Tras cuatro años de matrimonio, Hernán y María Bonilla, quienes se conocieron y casaron en un programa de acogida del Hogar de Cristo, debieron separarse a causa de la pandemia. A la distancia, las videollamadas se han convertido en su único medio de contacto. “Ella me ve, pero yo no, porque soy no vidente. La extraño mucho, la adoro”, dice, emocionado.

Por Daniela Calderón P.

“Conocí a una lola que me agradó, me gustó y me enamoré de ella. Luego me declaré y ella me aceptó. Estábamos enamorados. Pololeamos 8 años y en 2016 le pedí matrimonio y ella aceptó. Ese día, casi me sacó el cogote por lo fuerte que me abrazó”, cuenta Hernán Núñez sobre los inicios de su relación con María Bonilla (85), la mujer que le robó el corazón y que conoció siendo usuario del Hogar Abierto San Alberto Hurtado de Estación Central, un lugar que acoge a adultos mayores en situación de calle o en riesgo de estarlo.

Al igual que todas las relaciones, la de María y Hernán ha sufrido altos y bajos, pero nunca había sido puesta tan a prueba como ahora. Hernán, quien padece diabetes en estado avanzado, lo que terminó por provocarle ceguera, debe guardar cuarentena en la Casa de Acogida de Hombres Josse Van der Rest, lugar que se encuentra a varias cuadras del hogar que acoge a María. Esto los mantiene físicamente separados desde marzo de 2020.

Debido a esto, las videollamadas se han convertido en su único medio de contacto. “Ahora por la pandemia no he podido ir a verla pero me comunico día por medio con ella por celular. Me ayudan las tías de la casa. Ella me ve, pero yo no, porque soy no vidente. La extraño mucho, la adoro”, cuenta, emocionado, Hernán.

Mientras hablamos de ella, él nos cuenta del día que cambió sus vidas. “Nos costó casarnos por el Civil porque estaban en huelga. Finalmente, el 19 de abril de 2016, a las 10:20 de la mañana, la jueza nos declaró marido y mujer. Después el padre que hacía misa en el Hogar me dio hora para el mismo mes para casarnos por la iglesia. En ese tiempo, yo tenía 60 años, veía un poco más que ahora y lo más lindo para mí fue verla de blanco. Lo más hermoso fue cuando el padre nos bendijo porque era como si el Señor estuviera viéndolo todo y él nos bendijera desde el cielo”, recuerda.

Tanto es el amor que Hernán siente por María que el 30 de diciembre pasado, cuando  ella cumplió 85 años, se preocupó de “producirle” la fiesta de cumpleaños. “Le pasó plata a una de las monitoras de la Casa de Acogida junto con detalladas instrucciones para que le compraran globos, serpentinas y su torta favorita de la pastelería San Camilo”, nos cuentan los que cuidan y quieren a esta pareja que no duda en poner el brazo a la aguja para la vacuna contra el COVID-19, que les permitirá volver a estar juntos.

Risueña y dueña de un humor incombustible, María ha ido perdiendo la memoria y hoy sufre de un deterioro cognitivo que amenaza su relación. “Don Hernán siempre la busca, la llama. Él sabe del deterioro de ella y vive pendiente de su estado. Su gran preocupación es que ella se olvide de él y, por eso, siempre la llama. Gracias a eso, ella no lo ha olvidado, habla de él y sonríe cada vez que se comunican”, cuenta Jessica Cayulao, jefa de la Casa de Acogida San Alberto Hurtado de Estación Central.

Hernán, por su parte, no pierde la esperanza: “Nunca he dejado de quererla, de amarla. Le pido mucho a Dios por ella, para que me la cuide. Apenas abran las puertas y nos vacunen lo primero que voy a hacer es ir a verla”, relata.

 

 

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