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Opinión

Jul

2021

Escuelas y alumnos invisibles

Por Liliana Cortés, directora de fundación Súmate, Hogar de Cristo

Laura tenía 14 años cuando quedó embarazada. Su familia le exigió dejar sus estudios para quedarse en la casa, ayudar en los quehaceres, ya que además era madre adolescente y tenía que tomar nuevas responsabilidades. Del colegio, nadie la fue a buscar y aceptaron la “decisión-castigo”. Cuando Patricio cumplió 15, su papá lo animó a trabajar en la feria junto a él para hacer “más lucas”. No pudo compatibilizar el trabajo en la  feria y el colegio. También dejó la escuela. En el colegio, no le ofrecieron una opción más flexible.

Así como ellos, son miles las niñas, niños y jóvenes que se quedaron atrás. Si bien esto se ha agravado en pandemia, este es un problema anterior; otra consecuencia de la pobreza y la vulnerabilidad. La llamada “exclusión educativa” es un fenómeno viejo, complejo, multicausal, en el que confluyen factores de índole familiar, social, económica, cultural y las características específicas de la comunidad donde el o la  estudiante vive y estudia (o estudiaba). Por eso y para ellos, existen las escuelas de reingreso, las que lamentablemente son tan invisibles como sus estudiantes. En Fundación Súmate, del Hogar de Cristo, tenemos cuatro. Tres en la región metropolitana y una en Biobío.

Este año partimos con buenas noticias. El Consejo Nacional de Educación aprobó la Modalidad de Escuelas de Reingreso a instancias de una propuesta presentada por el Ministerio de Educación. Y actualmente hay un proyecto de ley en la Cámara, donde se discute el financiamiento de la modalidad. Por nuestra experiencia de 28 años y la evidencia nacional e internacional recopilada, como Súmate proponemos a las fuerzas políticas que se otorgue una subvención de 306 mil pesos por cada estudiante, un poco más del doble de los 145 mil que se entregan ahora en la educación media. Además, abogamos porque se rebaje la exigencia de la asistencia como condicionante para el pago total de la subvención; que disminuya a un 70%. Estos son chicos con múltiples dificultades, que muchas veces les impiden asistir a clases; por eso, el modelo debe ser flexible.

Sin duda, lo que está ocurriendo este 2021 con las escuelas de reingreso es un gran paso para que como organización sin fines de lucro no tengamos que recurrir a los fondos concursables para complementar los aportes estatales. Queremos entregar a nuestros estudiantes una educación de calidad, sin la incertidumbre permanente de si contaremos con recursos. Es difícil mejorar la calidad cuando administramos pobreza. Esperamos que este impulso no se detenga y que el Estado y la sociedad por fin se hagan cargo de esta infancia y juventud excluida e invisible y les otorgue los espacios educativos que necesitan y merecen.

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