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May

2021

“Delatora” de Joyce Carol Oates: el Sename pero en EE.UU.

Por Ximena Torres Cautivo /Publicada por El Mostrador

 

Joyce Carol Oates es una mujer menuda y flaca de 82 años que, desde los 24, cuando publicó su primer texto de ficción, no ha dejado de producir al menos dos obras por año. Una cuenta que se queda corta, porque es de 2008, menciona 40 novelas, 20 libros de cuentos, ocho de poesía, siete obras de teatro, seis volúmenes de no ficción y varios textos infantiles. Otro artículo más actual habla de 72 novelas en total.

En esta impresionante lista, sus temas de interés son ásperos, duros, brutales: conflictos raciales, políticos y religiosos (su mejor novela, a mi modesto juicio, es “Un libro sobre mártires americanos”, donde enfrenta a un médico liberal abortista con su asesino, un fanático religioso condenado a la pena de muerte, a través de las hijas de cada uno); el boxeo (tiene un celebrado libro sobre este “deporte”); la violencia, sobre todo la sexual que padecen las niñas, muchas veces dentro de sus propias familias. Cuando le han preguntado el porqué de estos temas, ha respondido molesta: “Esa pregunta siempre es insultante. Siempre es ignorante. Siempre es sexista”.

Tiene razón en picarse, Joyce Carol. Cuando se habla de quién es hoy el gran novelista americano, nunca a nadie se le ocurre pensar que quizás no es un “él” sino una “ella” el gran novelista americano. Y ella tiene mérito y obra de sobra para lograr el título. No por nada, su nombre lleva años siendo un clásico en las quinelas de la Academia Sueca para el Premio Nobel de Literatura.

Ahora, su novela “My Life As a Rat”, publicada en 2019 en inglés, y recién aparecida en español este 2021 con el título “Delatora”, aunque bien pudo llamarse “Mi vida como una rata”, no puede reflejar mejor lo que contiene la investigación publicada por el Hogar de Cristo con el nombre “Ser Niña en una Residencia de Protección en Chile”, donde queda claro que el género amplifica la vulnerabilidad y la pobreza, haciendo que el daño de las niñas y jóvenes en residencias sea mucho más profundo y difícil de tratar y reparar que el de los niños y jóvenes en situación equivalente.

Joyce Carol nos conduce por la fatalidad de una niña de 12 años que no tiene quién la proteja. Ni su familia ni el Estado. Padece lo que el estudio técnico del Hogar de Cristo llama “interseccionalidad” de desventajas: es menor de edad, es pobre y es mujer. Violet Rue Kerrigan es además la benjamina de una familia de 7 hermanos, donde el padre, un obrero de origen irlandés, es la autoridad indiscutible, cuyo principio rector es “la ropa sucia se lava en casa”. Violencia machista, violencia racista, violencia cotidiana es lo que vive en la casa, en el barrio, en la escuela, la pequeña Violet, cuya voz narra tímidamente el desastre en que se convertirá su existencia, por haber estado desvelada y haber visto llegar a sus dos hermanos mayores con un bate ensangrentado, el auto con el parachoques abollado y la borrachera disipada por el miedo. Detrás han dejado a un joven estudiante negro, compañero de su escuela, muerto, en medio de la calle, luego de atropellarlo con su bicicleta y luego molerlo a palos por simple brutalidad. Violet quiere y admira a sus hermanos mayores y baja esa noche a la cocina a acompañarlos. Ellos saben que ella los vio llegar; ella sabe que vio algo extraño.

Así parte el asunto.

No es un texto agradable, pero narra magistralmente la incomprensión del sistema, el miedo a equivocarse, el cómo los niños no son escuchados, la disyuntiva entre ser fiel a la familia o a la verdad. Violet, la rata, la delatora, es alejada de su familia. Entra al sistema de protección de niños y jóvenes del Estado, que es tan incapaz como el chileno de proteger y menos de reparar el corazón, el cuerpo y la psique de nadie que haya sufrido. No vuelve a ver a su familia hasta los 30 años.

Joyce Carol Oates merece lectura porque, pese a su aparente fragilidad, tiene fuerza para la denuncia y talento para hacerla a través de la literatura con novelas tremebundas, como ésta. También lo hace como ciudadana, donde ha sido una de las opositoras más tenaces y jugadas frente a la brutalidad de “el innombrable”, como llama al ex presidente Donald Trump.

Si te preocupan los niños bajo la protección del Estado,

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