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Dic

2021

Segunda oportunidad: Reclusas confeccionarán kits de servicio funerario

Fundación Mujer Levántate, la Funeraria Hogar de Cristo, Gendarmería y Espacio Mandela se unieron en un proyecto que entrega herramientas laborales a internas del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín a través de la fabricación de almohadas y bolsas fúnebres. Ellas están felices; además de aprender, esperan dar consuelo a familias que pasan por el dolor de la pérdida.

Por María Luisa Galán

La tarde del 1 de diciembre fue especial para siete mujeres que provienen de una vida de permanente exclusión y que por “un error”, como ellas dicen, terminaron recluidas en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. Ese día, de mucho sol, fue un hito en sus vidas porque iniciaron el comienzo de una segunda oportunidad. Ese miércoles se inauguró y bendijo el taller de costura creado por Fundación Mujer Levántate, la Funeraria del Hogar de Cristo, Gendarmería y Espacio Mandela que se desarrollará en Santiago y Concepción.

Estaban nerviosas, felices y orgullosas de ser parte de este primer grupo de mujeres que se dedicará a hacer algunos elementos del servicio funerario: la almohada y bolsa que acompañan a los fallecidos en los ataúdes. En la ceremonia, las primeras palabras fueron de la hermana Nelly León, la capellana del Centro Penitenciario, quien agradeció esta inspiración laboral para quienes “estamos privadas de libertad”. Y subrayó que esto no busca la reinserción sino la inserción, porque ellas nunca han estado incluidas en la sociedad.

Luego continuaron los parabienes de Gustavo García, gerente de operaciones de la Funeraria Hogar de Cristo (FHC). “Es un día para agradecer a las siete chiquillas, motivadas a pesar de las dificultades”, dijo en referencia a que varias se contagiaron de COVID-19 y la actividad tuvo que ser pospuesta. Se sumó a los elogios Juan Andrés Fuentealba, gerente general de FCH, quien señaló que hace tiempo estaba el sueño de hacer algo distinto y que la propuesta había sido muy bien recibida por la hermana Nelly. La teniente coronel Sandra Zapata, alcaide del Centro Penitenciario Femenino, añadió también: “Quiero agradecer esta oportunidad que se brinda a las mujeres, que hoy están muy ansiosas. Y ojalá no sean sólo cojines, bolsitas, ni las únicas que pasen por acá, porque este es el inicio de una segunda oportunidad”.

“¿Qué van a hacer?”, les preguntó José Yuraszeck, el capellán del Hogar de Cristo, durante la ceremonia de bendición. Cecilia (54), una de ellas, respondió: “Vamos a estar a cargo de la elaboración de los cojines y esperamos que sólo sea el comienzo”. Carolina (33), agregó: “Vamos a trabajar para familias que están pasando por un gran dolor. No las vamos a defraudar”.

Hace tres años que Carolina está recluida. Le quedan cinco más. Para ella es importante este trabajo, por los beneficios carcelarios a los que podrá acceder y, sobre todo, porque le permitirá tener una rutina y una ocupación que la sacarán del tedio de estar ahí. “Espero aprender”, dice porque nunca se había metido en una máquina de coser. Pero si hay algo que ha aprendido en estos años de presidio, es a cultivar la paciencia. “No es fácil vivir con muchas mujeres”, cuenta entre risas.

A Cecilia le queda menos, sólo diez meses. “Al ingresar a la cárcel sufrimos el castigo y el enjuiciamiento legal y social. Hay harto castigo, culpa, pero pocas oportunidades para retomar la vida. Eso lo encontré acá, en este taller, porque afuera no tenía redes de apoyo”, dice, feliz de trabajar en algo en lo que ya tenía conocimientos básicos. A pocos días de irse, luego de dos años de reclusión, agrega: “Me gustaría irme amarrada de aquí y que me den la oportunidad de trabajar afuera”.

Luego vino la hora del cóctel, que fue servido por reclusas que son parte de otro taller, el de amigurumi. Ellas y todas las presentes en la ceremonia viven en el patio Mandela, un ala de la cárcel que, tal como ellas relatan, es liderado por la querida hermana Nelly y que se caracteriza por el buen ambiente de la convivencia. Tal como cuentan, no hay drogas, alcohol, cuchillos. Es un sector privilegiado, al que tienen que postular y jugárselas por permanecer ahí.

Durante diciembre, el taller estará en modo apresto; es decir, las siete mujeres estarán aprendiendo a coser en máquina y todo lo que conlleva hacer almohadillas y bolsas. Un dato importante y que destacan las participantes, es que la sala donde trabajarán fue especialmente refaccionada para la ocasión. Había sido un espacio de música, con paredes rayadas y lúgubres, y ahora está limpia, pintada de blanco, con escritorios y sillas ad hoc para coser y hasta cantar.