Hay vacantes: Gran oportunidad para jóvenes excluidos de la educación

Publicado el 30/04/2021

Más de 50 cupos tiene disponibles el programa socioeducativo de fundación Súmate en el norponiente de Santiago, incluyendo chip gratuito por estudiante para conectarse y retomar estudios. Esta modalidad acoge a niños y jóvenes con dos años de rezago escolar o dos fuera del sistema, para devolverles su derecho a la educación y darles herramientas para estos tiempos difíciles.

Por Ximena Torres Cautivo

En el vasto y diverso mundo del Santiago Norponiente, que incluye desde Estación Central hasta Quilicura, pasando por Quinta Normal, Lo Prado, Maipú, Pudahuel, el equipo multidisciplinario del trabajador social Claudio Polloni busca estudiantes para el programa socioeducativo de Fundación Súmate.

-Los chicos excluidos del sistema escolar en 2020 aumentaron en 40 mil, según las autoridades, y se ubican desde Visviri hasta Magallanes. O sea, están en todas las comunas y rincones de Chile, pero, pese a esto, cuesta mucho encontrarlos y seducirlos para que vuelvan a la escuela, porque muchas veces ni ellos mismos saben que nos necesitan, que requieren la escuela. Es tal su nivel de carencias y otras urgencias, que para ellos la escolaridad no es prioridad. Por eso hay que abordarlos pensando en sus necesidades: un taller de oficios, que les permita aprender un trabajo para generar recursos y sortear el problema económico, es algo prioritario. O un curso de capacitación digital o un taller de apoyo en salud mental y autocuidado.

Claudio Polloni.

El profesional cuenta que los mismos niños y jóvenes se invisibilizan, ocupados como están en su supervivencia cotidiana. Hace notar que, por eso, estos programas socioeducativos de Súmate se han reenfocado, poniendo todos los esfuerzos en devolver el derecho a la educación a los más vulnerables dentro de los vulnerables.

Hoy cuentan con 360 vacantes y hasta ahora tienen sólo a 304 estudiantes asistiendo a clases y talleres virtuales. El 52% ellos son mujeres, tienen entre 8 y 21 años, rezago escolar de dos años por lo bajo y/o ese mismo tiempo fuera de la escuela, el mayor porcentaje está en segundo medio. Claudio comenta que cuesta menos reencantar a las jóvenes, a las mujeres, en estos duros tiempos con sus cuotas de desempleo, falta de ingresos, enfermedad, riesgo de contagio, violencia intrafamiliar. Lograr que resignifiquen las experiencias escolares, que, en la mayoría de los casos, suelen haber sido muy frustrantes, ofreciéndoles herramientas concretas y prácticas.

-Nosotros trabajamos harto con los chicos y chicas de la red Sename, pero no son todos los estudiantes que tenemos y necesitamos más, pero, como te digo, cuesta encontrarlos. Aunque, este año, luego de la dura experiencia del 2020, en que el tema económico fue crítico, en que no contábamos con el soporte tecnológico para hacer clases, estamos mucho mejor parados –dice Claudio Polloni, lleno de optimismo.

-¿Cómo niños y jóvenes tan vulnerables y con tantas dificultades socioeconómicas pueden conectarse de manera digital? ¿Con qué herramientas? ¿Cómo lo hacen?

-Lo de la alfabetización digital es un tema central, crítico. Los chicos no tiene problemas con las redes sociales; en ese mundo se manejan a la perfección, por más modesto que sea el celular que tengan. El problema está en su desconocimiento de programas de trabajo como Power Point, Word, Excell y con plataformas, como Meet y Zoom y otras. Eso dificulta hacer clases remotas. Ahí se ve su desconocimiento y su necesidad de capacitación. Lo bueno es que este año tenemos un gancho para atraerlos: a cada estudiante matriculado le damos un chip de conexión gratuita para todo el año. Eso nos resuelve el tema de la conectividad, lo que el 2020 fue crítico. Ahora, con este recurso, si perdemos el contacto con alguno de ellos, salimos a terreno para localizarlo y saber qué le pasa.

Once profesionales constituyen el Programa Socio Educativo de la Zona Norte, incluido Claudio Polloni, que es el jefe. Hay un par de trabajadores sociales más, dos profesores, un psicólogo, un educador diferencial, entre otros profesionales. Tienen una sede en la Estación Central, en la calle Arica, muy cerca de la casa matriz del Hogar de Cristo, pero el trabajo está siendo fundamentalmente virtual. Estos programas son financiados por el Estado a través del Ministerio de Educación y operan desde 2005. El propósito es proveer una alternativa educativa para la reinserción de niños, niñas y jóvenes que se encuentran excluidos del sistema educacional formal, presentan vulneración de derechos y no han concluido su escolaridad.

Fundación Súmate tiene este mismo tipo de programas en Concepción y La Serena. Y tal como está sucediendo en la Zona Norte de Santiago, sus equipos están afanados en completar la matrícula que tienen, encontrando a esos alumnos invisibilizados en estos tiempos de cuarentena, restricción de la movilidad y urgencias diversas, a los que invitan a ver la página www.sumate.cl, donde encontrarán detalles para inscribirse y comenzar a recuperar su derecho a la educación.

-El acompañamiento que hacemos consiste en una etapa de acogida y diagnóstico y la construcción de un plan de trabajo individual que puede abarcar talleres enfocados en la nivelación pedagógica, desarrollo de habilidades socioemocionales, actividades recreativas, culturales y deportivos. También buscamos que los chicos y chicas logren validar estudios, certificarlos para su continuidad educativa y/omatrícula en establecimientos educacionales. Esto lo hacemos de forma semipresencial y/o completamente virtual, según las condiciones sanitarias en los territorios –explica el trabajador social. Aunque lo más claro para entender cómo opera y los beneficios que entregan estos programas se deducen de las conversaciones con sus estudiantes.

 

“LOS CHILENOS SABEN RECLAMAR POR SUS DERECHOS”

Cristopher Quintumán tiene 21 años, hace tres ingresó a la Escuela de Reingreso Padre Hurtado que tiene fundación Súmate en Renca. Ahí logró avanzar hasta sexto básico y fue derivado al programa de Claudio Polloni en la Zona Norte de Santiago. “Cristopher tiene una discapacidad intelectual moderada, aunque su tutora señala que no presenta problemas para expresarse. El año pasado no estuvo escolarizado, puesto que cuando ingresó al programa, ya era muy tarde para encontrarle matrícula. Sin embargo, desde el programa se le enseñó el uso de Zoom y pudo participar de varios talleres y tutorías más académicas, de matemáticas, lenguaje e historia para nivelar sus conocimientos”, cuenta una profesional del equipo.

El suyo resultó finalmente un caso de éxito, porque hoy está matriculado en el Centro de Educación Integrado de Adultos Jorge Alessandri de Recoleta –una escuela de adultos–, donde está cursando séptimo y octavo básicos juntos, en el sistema dos años en uno. “Cuando termine la enseñanza básica, sueña con hacer un curso de electricidad para poder trabajar y ganarse la vida. Si de motivación se trata, Cristopher es un ejemplo”.

José Carlos.

José Carlos Bailaba es de nacionalidad boliviana, tiene 16 años y está cursando segundo medio en el Liceo Municipal Santiago Bueras de Maipú. Llegó con un importante rezago escolar a la Escuela de Reingreso Padre Álvaro Lavín de Súmate en la misma comuna, donde logró egresar de octavo básico, terminar su enseñanza básica. José Carlos es autónomo, entusiasta, dispuesto a aprender, trabaja y estudia, y vive con otras dos familias, compartiendo una casa en la población El Abrazo de Maipú. Son todas familias migrantes, muy numerosas. Los profesores destacan su capacidad para conversar, su pensamiento crítico y su creatividad. Claudio Polloni hace notar su sentido del humor. ¿Con qué sueña José Carlos?

Él responde: “Tengo dos sueños: la agricultura y la ganadería, quiero trabajar en eso, cuando vuelva a mi país. Mi papá tiene tierras en Santa Cruz, donde pasé mi infancia, aunque soy nacido en La Paz. En 2017, migré, siguiendo a mi tía, que es mi mamá en la práctica, porque a mi madre biológica no la conozco. Desde entonces, vivo en Chile”.

José Carlos dice que no se ha sentido discriminado en nuestro país, quizás, agrega, “porque no hago mucha vida social, vivo metido en mi casa. Tengo pocos amigos, sólo una amiga chilena. Los demás son venezolanos, colombianos, amistades international”, dice, pronunciando marcadamente el inglés. Comenta que le impresiona la capacidad de los chilenos de reclamar y hacer valer sus derechos. “En eso, nosotros, los bolivianos, somos distintos, no sacamos la voz”. Y agrega un tercer sueño, que en realidad son tres: “Quiero tener buenos estudios, adquirir una propiedad, trabajar con mi padre en mi país”.

Reconoce lo bien que le hizo entrar al colegio de reingreso Padre Álvaro Lavín de Fundación Súmate: “Ahí los profesores son muchos más que profesores; son amigos, son consejeros, te tienen paciencia, te ofrecen cariño, son capaces de entender tus problemas. Ese es un hermoso colegio, muy distinto al actual, ciertamente, que es más como todos”.

Lamenta que las clases por pandemia estén siendo virtuales, porque “pasa una mosca y me distraigo; me cuesta mucho concentrarme, no aprendo bien así”, incluso en su ramo favorito: matemáticas. José Carlos, quien alcanzó a intuir lo que es estar excluido de la educación, no duda en invitar a todos los niños, niñas y jóvenes a inscribirse en estos programas socioeducativos, que son el punto de partida de la recuperación de un derecho fundamental: la educación.

 

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